

Presentación personal
Soy artista visual y tatuador, especializado en dibujo lineal e ilustración expresiva.
Mi obra fusiona elementos
figurativos y abstractos, inspirada en civilizaciones antiguas.
Exploro la narrativa visual a través de líneas
finas, tinta y técnicas mixtas, con el objetivo de evocar
emoción y crear historias en cada pieza.


Enfoque artístico
Creo obras detalladas de pequeño formato que
combinan la inspiración mitológica con el lenguaje
visual contemporáneo. Cada obra se construye con
líneas intrincadas, texturas y contrastes para resaltar la
luz, la sombra y la emoción.
Medios y técnicas
Pluma y tinta (micro-pluma, línea fina)
Grafito y lápiz
Acrílico y técnica mixta
Diseño de tatuajes (estilo garabato, influencia
tradicional japonesa)


El arte por el arte


Trayectoria
Emanuel inició su trayectoria académica en el
I.N.E.M. José Félix de Restrepo, y continuó sus
estudios con una beca en CENSA Medellín.
Posteriormente, se especializó en programación
de software en la Universidad Americana y
actualmente es profesional en Administración de
Empresas de la Institución Universitaria Digital de
Antioquia, como beneficiario del programa
Generación E de la presidencia de la república de Colombia.
Ha logrado trabajar en organizaciones
culturales, artísticas y del sector público y privado.
Si bien no cuenta con formación académica formal en bellas artes, su desarrollo técnico se ha basado en el auto aprendizaje, la disciplina, la observación
crítica y la experimentación constante.

Exposiciones y eventos
Mi trayectoria artística ha sido respaldada por una presencia constante en espacios culturales, galerías y festivales que reconocen y apoyan la creación contemporánea. Desde exposiciones en centros de arte de alto nivel hasta participaciones en eventos urbanos y alternativos, cada aparición pública ha fortalecido la proyección y el valor de mi obra.
A lo largo de los años, mi trabajo ha sido presentado en galerías reconocidas, instituciones culturales y proyectos dedicados a destacar artistas emergentes y consolidados. Estas exhibiciones no solo han permitido que mi arte conecte con públicos diversos, sino que también han contribuido a posicionar mis piezas como obras con trayectoria, identidad y carácter coleccionable.
Mi participación en festivales culturales y espacios alternativos ha ampliado aún más el alcance de mi propuesta, acercándola a comunidades creativas, coleccionistas jóvenes y amantes del arte urbano. Esta presencia en diferentes circuitos culturales habla de una obra versátil, auténtica y con una narrativa que se adapta tanto a entornos formales como a escenarios más experimentales.
Cada exposición es una oportunidad para mostrar el poder visual y emocional de mi trabajo, reafirmando el compromiso con una producción artística sólida y en constante evolución. Para quienes buscan adquirir arte con historia, intención y proyección, este recorrido representa una garantía: detrás de cada pieza hay un camino serio, público y reconocido.
A continuación, una selección de los espacios y eventos donde he tenido el privilegio de exhibir mi trabajo:
Exposiciones destacadas
- Centro Colombo Americano, Medellín
- Galería de Arte Contemporáneo Paul Bardwell, Medellín
- Loft Galería, Medellín
- Casa Tres Patios, Medellín
- AMARTE
- Gallery Art Munay
- Galería publica Centro Comercial Villa Nueva
Reconocimientos
- Ganador del concurso “Un Dibujo por la Paz” (2004)
Eventos y Festivales
- La Fiesta Friki, Medellín
- Convención Otaku Antioquia
- Ciudad Altavoz
- Medellín Street Art Festival
Pequeño Recorrido Fotográfico

































Mi Historia
Crecí en la comuna 1, en el barrio Popular 1, un lugar donde la vida siempre ha sido intensa, cruda y luminosa a la vez. Cuando tenía apenas cinco años, viví uno de los capítulos más duros de mi infancia: la llamada “limpieza social”. A una edad en la que otros niños apenas descubren el mundo, yo ya había aprendido a reconocer los sonidos de la guerra urbana, a sentir el miedo en el pecho y a entender que la muerte podía caminar cerca de la casa como si fuera una vecina más. Fue allí, entre ecos de violencia y silencio obligado, donde descubrí el dibujo. Un lápiz se convirtió en mi escudo, un pedazo de papel en mi refugio. Mientras afuera la guerra urbana rugía, adentro nacían mundos que solo yo podía ver. El arte no fue un pasatiempo: fue protección, fue un hogar cuando el mundo no lo era.

En medio de ese caos, encontré un refugio inesperado: en un baño pequeño o bajo la cama, donde me escondía cada vez que los disparos retumbaban. Allí, entre silencio forzado y paredes frías, descubrí el dibujo. Un lápiz y un pedazo de papel se convirtieron en la única puerta hacia un lugar donde nada malo podía alcanzarme. El arte fue mi salvavidas, mi abrigo, mi forma de transformar el ruido en líneas, el miedo en formas y la soledad en mundos propios.
Poco a poco, ese refugio dejó de ser solo un escape y se transformó en un lenguaje. A medida que crecía, el arte se volvió algo profundamente mío, una fuente de alegría en medio de una realidad difícil. Con los años desarrollé una manera de dibujar que surgía directamente de esa necesidad de protegerme y expresarme: líneas continuas que crean sombras, luces, texturas y figuras que se mueven entre lo figurativo y lo abstracto. Una técnica que no nació por casualidad, sino del acto de repetir trazos para calmar la mente y darle forma a lo que sentía.
El arte no fue un pasatiempo: fue protección, fue un hogar cuando el mundo no lo era.
Ese refugio creció conmigo. A medida que avanzaba la adolescencia, y con ella la depresión y la fobia social que marcaron mi vida desde los doce años, el arte se convirtió en un lenguaje íntimo para expresar lo que no podía verbalizar. Con el tiempo, mis trazos se volvieron más complejos, más propios: líneas continuas que modelan sombras, luces, atmósferas; figuras que oscilan entre lo figurativo y lo abstracto; influencias de civilizaciones antiguas, mitologías que me hablaban de héroes que luchaban contra fuerzas invisibles, como las que yo mismo enfrentaba.

En mi adolescencia, otra puerta se abrió: la música. Fui bajista por un tiempo, parte de un grupo de jóvenes que buscábamos un espacio en la escena alternativa de Medellín. Compartí escenarios urbanos y alternativos que me mostraron otra forma de sentir el arte: vibrante, visceral, colectiva. Aunque disfruté esa experiencia y me alimentó creativamente, su función en mi vida fue distinta. La música me introdujo al mundo alternativo, me enseñó a romper estructuras, a reinterpretar emociones y a entender que el arte podía ser un acto de resistencia.
Sin embargo, mi camino estaba claro: mi esencia siempre estuvo en lo visual y pictórico. La música fue un impulso, una influencia, no un destino.
Con el tiempo llegaron mis primeros logros. Cuando era muy joven gané el concurso “Un Dibujo por la Paz” (2004), el primer indicio de que aquello que yo hacía en silencio tenía la capacidad de conmover a otros. Más adelante, mis obras encontraron su lugar en espacios importantes como el Centro Colombo Americano, la Galería de Arte Contemporáneo Paul Bardwell, Loft Galería, Casa Tres Patios, AMARTE y Gallery Art Munay. También participé en festivales culturales y alternativos que me conectaron con comunidades creativas y urbanas, como La Fiesta Friki, la Convención Otaku Antioquia, Ciudad Altavoz y el Medellín Street Art Festival.
Mi camino tomó otra forma cuando descubrí el tatuaje. Desarrollar un estilo propio basado en líneas vivas, sueltas, casi caóticas pero llenas de intención —cercano al scribble art— se convirtió en una nueva manera de conectar con las personas. Estudiar tatuaje tradicional japonés añadió profundidad, pausa, disciplina. Ese proceso me llevó a abrir mi propio estudio privado en Medellín, un logro que representa independencia, crecimiento y la materialización de un sueño que parecía lejano.
A nivel personal, también he construido victorias silenciosas que significan tanto como mis logros artísticos: estudiar Administración de Empresas, programación de software, desarrollar mi marca “Ecastro”, encontrar una identidad visual auténtica sin perderme en influencias externas, y seguir trabajando en mi salud mental con conciencia y responsabilidad. También he aprendido a cuidar mis relaciones, a proteger a quienes amo sin dejar que mis sombras los alcancen.
Mi historia es la de un niño que convirtió el miedo en creación, la de un adolescente que encontró en la música una chispa más de libertad, la de un adulto que sigue luchando, sintiendo, construyendo.
Soy alguien que transformó un pasado marcado por la violencia en una vida guiada por el arte.
Alguien que convirtió un baño pequeño en el Popular 1 en la semilla de un universo visual que hoy comparto con el mundo.
Y aunque sigo en proceso —porque sanar es un camino continuo— mi arte permanece fiel a su origen: un refugio, una trinchera luminosa, un recordatorio de que incluso en medio de la oscuridad más profunda es posible crear belleza.

“Sin importar que hagas, intenta hacerlo con amor y ser la mejor persona en ello, que tus sueños sea infinitos y tus metas tangibles.”
